Ya que chupar y usar la boca son tan naturales para los niños, parece existir poca razón para que los padres se la pasen sacándoles los dedos de la boca a sus hijos o diciéndole, “No, no” y enfadándose.La actividad bucal seguirá durante este período y persistirá bastante tiempo.
Si la consideras como parte del desarrollo del niño, algo que una vez satisfecho será abandonado en aras de posteriores y mejores medios de aprendizaje y comodidad, puedes quedar tranquilo.
A nadie se le ocurriría prohibir que un niño gatease porque teme que el gozo que le proporciona el gatear luego no le permitirá jamás ponerse de pie y caminar.
Sabes que todos los bebés superan el gateo y que representa un estadio fundamental para aprender a caminar.
Considerad la actividad bucal de la misma manera: como un paso necesario que satisface las necesidades del niño.
Observa a los adultos: ellos también usan la boca de mil maneras, aunque ningún adulto (al menos que yo conozca) aún se sigue chupando el pulgar.
Cuando están molestos, los niños se rascan, frotan, pinchan y pellizcan la propia piel.
Cuando están con mucha hambre o agotados a menudo se rascan o frotan. Y mientras lo hacen, patalean y están inquietos. No está claro porqué sucede esto, pero ciertamente no promueve ninguna calma. Parece ser que cuando están muy incómodos o doloridos, hasta los adultos tienden a lastimarse. Es como si el dolor inducido por uno mismo de algún modo minimizara y disminuyera el dolor que no se puede controlar.
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