23.10.09

El recién nacido necesita tener horarios

Debe hacer frente a todo un nuevo entorno. Su alimento, por ejemplo, solía llegar constante y puntualmente desde la placenta a través del cordón umbilical. Mientras que ahora, de repente, empieza a vivir nuevas y desagradables sensaciones: sueño, hambre, demasiado frío, demasiado calor…

No se puede obligar al bebé a tener un horario de comidas.
Debe ser alimentado a libre demanda, es decir, cada vez que lo reclame, cada vez que llore por hambre. Y eso ocurre al principio con un cierto desorden, que viene bien para que la succión repetida ponga en marcha el proceso de lactancia natural.

Luego, poco a poco, se va ordenando. A lo largo de los primeros 10 ó 15 días reclama una toma cada dos o tres horas, el tiempo que tarde en hacer la digestión de la anterior. Al final es el propio chico el que se autorregula.

A tan temprana edad, dejarlo llorar en vano por su comida tratando de que se adapte a un horario sólo puede dar al bebé la sensación de desconcierto. No hay que tener miedo a malcriarlo por tomarlo en brazos todo el tiempo que lo pida y lo necesite o alimentarlo con frecuencia.

• Las micciones y deposiciones también tienen lugar a intervalos imprevisibles.

A cada toma puede seguir una deposición debido al llamado hiperperistalrismo, un reflejo que aumenta las contracciones estomacales y ocasiona un rápido tránsito intestinal. Así, hay bebés que hacen siete u ocho deposiciones al día, mientras otros evacúan pocas veces. Ambos casos son normales.

• El sueño.

En la panza de mamá no había reloj ni ciclos de luz u oscuridad. Ahora, en el exterior, pasa sus tres primeros meses durmiendo la mayor parte del tiempo. Sólo se despierta acuciado por otro instinto a saciar: el hambre. Ese exagerado número de horas, que a veces supera las 16, va disminuyendo. A los seis meses, ya duerme de 10 a 12 horas y pasa más tiempo despierto.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 

Embarazo, Bebés Copyright © 2009 Baby Shop is Designed by Ipietoon Sponsored by Emocutez